Inicio / El Autor

Otrova Gomas - Jaime Ballestas en la vida real- es abogado, nació en Caracas en un lugar y en una fecha en la que nunca logra recordar, tal vez por lo pequeño que era para la época. Sus inicios en la actividad humorística comienzan en los murales estudiantiles del LICEO APLICACIÓN de Caracas, y se desarrolla en la Universidad Central de Venezuela, en la que funda en la Escuela de Derecho, junto a Luis Britto García el periódico mural EL TORTURADO, luego CERO, esta vez en la Escuela de Humanidades en donde estudió Filosofía. A esta actividad universitaria se agrega la colaboración permanente en los periódicos humorísticos de circulación nacional de los años sesenta, entre los que destacan: LA PAVA MACHA, LA SAPARAPANDA, COROMOTICO, EL INFARTO. Igualmente fue miembro del comité de redacción y colaborador de EL SADICO ILUSTRADO. Formo parte de la CATEDRA DE HUMOR de la Universidad Central de Venezuela desde su fundación. Su obra humorística ha estado presente en los diarios EL NACIONAL, EL DIARIO DE CARACAS, ULTIMAS NOTICIAS, el NUEVO HERALD de Miami, TAL CUAL y las revistas MOMENTO, EXCESO, TRIBUNA INTERNACIONAL y muchas otra publicaciones de circulación en Venezuela, en las cuales igualmente ha colaborado como fotógrafo y en reportajes de viaje. Su obra literaria de humor es amplia y variada y comprende los títulos que se reseñan en la librería de esta página, así como incluye una amplia actividad como fotógrafo que ha producido los libros CARNAVAL, RETRATOS Y MUNDO SIN SOMBRAS.

Se sabe que trabajó en actividades subversivas y de espionaje simultáneo para potencias enemigas que ante la confusión y el temor por los informes que les pasaba se vieron obligadas a firmar tratados de paz. Fueel representante legal en América del sur de los Cuatro Jinetes del Apocalipsis y se le consideró el responsable del fracaso de dialogo Norte-Sur, al proponer que los países del Sur ayuden al desarrollo de los del Norte, refiriéndose a la obligación que tienen naciones ricas y desarrolladas como Australia y Nueva Zelanda para con los pueblos de Afganistán y las minorías esquimales del círculo polar Ártico.


Otrova Gomas muere a los 110 años cuando cae al suelo soplado por un guapo de barrio al que quería quitarle la novia. No obstante el fuerte golpe contra el pavimento, el endeble escritor tuvo fuerzas para lanzarle una piedra en la sien a su contrincante que murió en el acto. Al ver como se desplomaba, se levantó con dificultad y arrastrándose hacia la muchacha le dio un beso en la boca antes de caer de nuevo. En ese momento empezó a emitir terribles aullidos de dolor que poco a poco fueron creciendo en intensidad hasta que los observadores desesperados tuvieron que taparse los oídos.

Antes de estirar la pata, primero estiró el brazo derecho y empujó a uno de los compinches de su adversario, quien al rodar por el piso fue arrollado mortalmente por un auto. De seguidas estiró la mano izquierda como para pegarle a otro, pero esta vez se quedó tieso. Cuando los otros miembros de la pandilla se acercaron para rematarlo, el anciano estiró la pata que le quedaba, con tanta fuerza que tumbó a otro joven quien se fracturó el cráneo en la caída. El cuerpo del centenario no fue levantado sino tres días después de los acontecimientos ante el temor de la gente de que volviera a estirar algún miembro llevándose más vidas.

Sus cenizas disecadas y pintadas en colores alegres se hayan en el Zentralfriedhof (Cementerio Central), Viena, Austria en el número 30 Grupo 32- al lado de los restos de Ludwing Van Beethoven, sitio que según muchos analistas escogió por puro exhibicionismo. En su epitafio se puede leer esta aterradora frase: “Apúrense, que les estoy esperando”.

El testamento de Otrova Gomas nunca se ha podido abrir, fue cuidadosamente pegado por dentro con una mezcla de pega loca y Soldimix, de manera que cualquier intento de abrirlo destruiría el contenido. Mientras tanto su inmensa fortuna se encuentra guardada en un cofre de amianto en el cráter del Vesubio, para que cuando vuelva a explotar sea repartida entre las nuevas víctimas de Pompeya. Un gesto que según dijo, ayudará a hacerles más llevadera la infinita estupidez de vivir a los pies de un volcán.

arriba