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LOS FANTASMAS DE AGGTELEK

Se podría decir que Aggtelek no existe.
Se encuentra tan oculto en las altiplanicies de los montes
Matra, que para quienes no son los habitantes del lugar
y uno que otro espeleólogo conocedor se trata de
una suposición geográfica, la invención
de un cuentacuentos describiendo fantasías.
Pero tiene existencia real. Es un pequeño
pueblecillo que se haya entre Hungría y Eslovaquia
dejando atrás las aldeas de Triz y Kurityán
después de cruzar el río Imola. Se le llega
saliendo de la carretera que lleva a la ciudad de Miskolc
luego de un largo recorrido por estrechas carreteras curvas
enclavadas entre sembradíos de trigo y girasol
que en los días del verano parecen cosechas de
plata y oro.
En ese remoto lugar, que se enorgullece
de tener el rango de Parque Nacional húngaro, está
la entrada a uno de los sitios más asombrosos que
haya creado la naturaleza: las cuevas de Baradla, también
llamadas de Domica del lado eslovaco.
La caverna se haya en el sistema montañoso
del centro de Europa localizado entre los ríos
Tarna y Zagyva y constituye una huella de los restos de
la masa volcánica que existió hace millones
de años en sus alrededores.
De variada vegetación en sus contornos,
al mismo tiempo constituye un inmenso depósito
de minerales no ferrosos surgidos de los restos de antiguos
volcanes. Lo sorprendente de la caverna es el intenso
colorido y las extrañas efigies que surgen en su
interior a causa de la diversidad mineral y el abundante
sulfuro en las aguas internas que le recorren en sus veinticinco
kilómetros de extensión, desde Aggtelek
hasta Jósvafö, minerales que van desde el
jade al granito y del cuarzo a las derivaciones de la
plata.
Su estructura rupestre tiene una edad que
oscila entre uno y dos millones de años, y en ella
se han encontrado restos de los hombres cavernarios que
fueron los primeros en descubrirla.

En el lugar se alojan unas quinientas especies
animales, con predominio de seres microscópicos,
y cerca de cuarenta especies vegetales, la mayoría
algas blancas y musgos diferentes. Como en todos los mundos
cavernarios, entre sus habitantes se encuentran los murciélagos
y los vampiros que se alimentan en el exterior durante
la noche y usan la misteriosa caverna para dormir de día.
Al penetrar al interior el recorrido por
las galerías se se vuelve una fiesta de sorpresas
por lo dramático del paisaje que surge de la iluminación
artificial en las zonas habilitadas.
Figuras sobrecogedoras nacidas del desprendimiento
de las aguas sulfurosas aparecen por todos los rincones
creando estatuas de piedra, dragones de asombradas bocas,
inmensos tigres legendarios que se confunden con las monumentales
pilastras que competirían en belleza con las columnas
griegas y romanas. Fauces abiertas de algún animal
prehistórico congeladas por el tiempo en la roca
caliza.

Es el reino de las grafías escritas con sal sobre
el jade, de los sulfuros que estiran sus amorfas petrificaciones
en salas oscuras y húmedas al extremo máximo.
Feudo de representaciones indefinibles, de luz y sombra
que se unen para asustar y al mismo tiempo embelesar.
La naturaleza en ejercicio pleno de su poder de asombrar
y crear de manera ilimitada. La tumba de millones de seres
que vivieron entre las galerías húmedas
y frías y ahora laberintos sin salida.
A poca distancia de la entrada se halla
la Sala de Charnel, el lugar conocido como la sala
antigua, donde en sus excavaciones en 1.876 Jenö
Nyary encontró el cementerio del hombre de Halstatt
, los esqueletos de trece personas quemadas en posición
sentada, muy cerca del Hall de Acheron, en el cual
se escucha el eterno fluir de las aguas de la fuente del
mismo nombre, rodeada por precipitaciones en forma de
cascadas y el continuo movimiento de las aguas subterráneas.
Es el sitio al cual la fantasía
de los visitantes ha llamado "La tortuga",
El águila" -una réplica del
animal casi en posición de vuelo-, "El
púlpito", "La boca abierta",
"La lengua de la suegra", en los que
las luces artificiales le dan aún más realismo
a la capacidad de imaginación.

Después de atravesar un kilómetro
de superficies llenas de cascadas, lagunas y depósitos
aluviónales se llega a la Sala de los Conciertos,
donde se encuentra la bifurcación de la cueva,
una parte húngara y la otra eslovaca. Allí,
las condiciones excepcionales de la acústica han
permitido la instalación de una sala de conciertos
completamente natural, en la que varias épocas
del año se montan espectáculos sinfónicos
donde el fondo y los rumores subterráneos le dan
una atmósfera mágica a las interpretaciones.
Siguen la Sala Negra, plena de figuras
fantasmagóricas, "El Cono de Heno",
"El murciélago", "El Rincón
Paradisíaco", "El Salón
del Tigre", sede de la figura de "El
hombre cavernario", El Hall de las Columnas
, uno de los lugares más espectaculares por sus
inmensas estalaquitas en forma de columnas, que a un lado
completa una biblioteca y un inmenso órgano de
iglesia y más adelante un minarete y un bosque
de pinares.
Al salir a la superficie al final del recorrido,
el verde intenso de los prados adyacentes en los meses
soleados enceguece las miradas hipnotizadas por la oscuridad
y las sorpresas.
Sitio mágico. Lugar de admiración
y de respeto. Papel virgen creado por la naturaleza para
que la imaginación pinte libremente figuras desbordadas.
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