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Diseño
práctico para que sin intervención de la justicia
terrena, que suele ser más proclive al error, el
delincuente sea ajusticiado directamente por la Santa Madre
Iglesia en base a la gravedad del pecado. Este invento funciona
sobre la base de que el infractor de la ley siente que le
remuerde la conciencia, y quiere que sea Dios quien lo juzgue.
El cura en su representación, una vez que escuche
el pecado, puede escoger entre una simple penitencia a base
de oraciones o aplicarle la pena de muerte en el acto en
caso de que la falta sea demasiado grave. Los confesionarios
vienen provistos de una lista con los pecados que ameritan
la muerte, un botón para activar la horca y una cesta
con bolsas de basura para después meter al delincuente
y mandarlo al basurero municipal. |