Fabricados de
una aleación de tungsteno y livianita ígnea,
estos guantes tienen dos funciones básicas:
repeler los billetes y transformarse automáticamente
en esposas cuando la mano del funcionario se mete
disimuladamente en el bolsillo.
Inspirados en la experiencia de Nueva Zelanda, Dinamarca
y otros países nórdicos que ostentan
los índices mas bajos de corrupción
administrativa al amarrar a todos sus empleados
públicos a las patas del escritorio, hemos
iniciado la producción en masa de estos guantes
protectores de los bienes del estado, que si bien
le da más libertad de movimiento a los funcionarios
inquietos, impiden que el billete permanezca más
de tres segundos en su mano gracias al rechazo automático
del tungsteno al papel moneda. Igualmente, un pequeño
motor de batería programada para ello, cierra
en el acto la boca de cada guante y hace que los
dos se peguen fuertemente si trata de embolsárselo.
Su desactivación requiere la presencia de
tres controladores de bienes nacionales y un fiscal
del ministerio público que en el acto lo
deja detenido.
Los primeros pedidos nos han llegado de varios países
africanos, México, Rusia, varias ex repúblicas
soviéticas, y Venezuela, aunque ha habido
cierto rechazo por parte de muchos oficiales del
ejército y una gran cantidad de funcionarios
públicos.
PESO:
300 gr. sin la batería.
COLOR: Gris fosforescente o verde
perico.
TIEMPO DE CIERRE DE LA BOCA: una
milésima de segundo. |