|
PRECIO:
Bs. 30,00 (Son
los últimos ejemplares y pueden presentar cierto deterioro en la
carátula)
LIBRO:
MANUAL PARA REACCIONARIOS
Advertencia
del editor
Si
hay algo significativo en esta recopilación de varias opiniones
de la ideología de derecha, es que una vez leído los originales
de este libro, el editor, a fin de reducir el riesgo financiero y no asumir
responsabilidades por el peligroso contenido, tomó la decisión
irrevocable de no publicar mas que la portada y el índice del mismo,
pero al ver el estado de depresión en que cayó el autor,
a última hora aceptó incluir el material recopilado, dejando
clara advertencia de que no se solidarizaba en forma alguna con las ideas
de los cuarenta autores seleccionados para mostrar lo que es el pensamiento
archí reaccionario, ni mucho menos con los resultados que pueda
obtener el lector de completar el test recomendado.
PUBLICO
RECOMENDABLE: Por ser un libro altamente peligroso
en su contenido, solo se recomienda a personas de 30 a 100 años
con tendencias políticas de derecha o de extrema izquierda.
COEFECIENTE
INTELECTUAL NECESARIO: de 140 a 200
FORMA
DE LECTURA: Solo en silla cómoda.
TIEMPO:
De dos a tres horas. Agregue una hora para autoanalizarse después
de la lectura.
EXTRACTOS:
ANTOLOGÍA
DEL PENSAMIENTO REACCIONARIO UNIVERSAL
Autor: SIR
ALBERT SCOTT
Ecólogo.
Autor de varios libros sobre la destrucción del mundo. Experto
en Nostradamus. Es amigo del Príncipe Carlos, a quien apoyó
en una huelga de hambre en su lucha contra la horrorosa arquitectura moderna
de Inglaterra. Buena parte de su tiempo se ha orientado a despertar conciencia
sobre la destrucción del medio ambiente y la desaparición
de chirincus moebus, un extraño tipo de chiripa verdosa que ya
casi está en vías de extinción. Su obsesión
por el futuro apocalíptico de la humanidad le ha llevado a prepararse
militarmente, aprendiendo a sobrevivir en los desiertos, que según
él dice, será el destino del planeta.
DETENGAN
LOS VIENTRES
Una
inmensa boca humana amenaza con devorar lo que queda del planeta. Cada
día y cada noche, como si fuera una pesadilla reflejada en las
paredes infinitas de un cuarto tapizado de espejos, millones de mandíbulas
hambrientas salen de los vientres de millones de mujeres, y como la langosta
destructiva, se incorporan al ejercicio de la masticación incontrolable
que aceleradamente está consumiendo los recursos naturales en los
cinco continentes.
Tan
diabólica multiplicación de seres humanos, no sólo
pone en peligro la subsistencia de las muchedumbres depauperadas e incapaces
de satisfacer sus necesidades, sino que ahora pone en peligro la existencia
misma de la especie. En el más apartado rincón del mundo,
en las grandes ciudades industriales, en las selvas, en las sabanas, en
todos los cinturones de miseria del tercer mundo, esos niños, que
en un momento son alegría pasajera, crecen y se van volviendo monstruos
destructivos que presagian el más horroroso cataclismo.
No
bastó la endeble trompeta maltusiana. Los gritos desesperados del
sabio visionario se perdieron en el vacío y fueron apagados por
las risas burlonas de millones de insensatos, pero hoy, tras el impactante
enfrentamiento con las estadísticas y al verse en primer plano
lo que está ocurriendo en el planeta, la humanidad pensante reconoce
el peligro anunciado por el genial economista sin que pueda hacer nada
para remediarlo. La calamidad se agrava por la ausencia de guerras devastadoras
que mantengan el equilibrio, y por los avances de la ciencia, que han
producido un imprevisto control de las epidemias, una patética
prolongación de la vida de ancianos inservibles y trata de reducir
la mortalidad infantil de millones de seres desnutridos y sin futuro de
Asia, África y América Latina, como para deleitarse con
la proyección de esa película dantesca de sus cuerpos raquíticos
con los ojos enormes pidiendo caridad.
La
contaminación miserable del aire y de los ríos, la muerte
formal de los océanos, y el avance incontrolable del desierto al
arrasar las selvas para el crecimiento, hace completamente imposible que
sobrevivamos ni siquiera un siglo. La carrera contra la hambruna y al
destrucción del medio está perdida. El sentido común
ha sido dejado a un lado y los pequeños conflictos regionales,
uno que otro avión que se viene abajo, un autobús desbarrancado
y los ridículos crímenes callejeros nada pueden contra el
aumento incontrolado de la gente. Es mucho lo que hacen el colesterol,
el stress, los terremotos y el cáncer y la esperanza que trae el
SIDA para diezmar esa descomunal avalancha de personas, pero es demasiado
apabullante el frenético festín de parturientas indigentes.
Cada mañana aumenta la devastación y surgen nuevas ciudades
de pobres arrasando tierras y bosques productivos para crear más
y más toneladas de desperdicios que envenenan los ríos y
los mares. Con ellos el hambre, la escasez y la miseria generalizada aparecen
inevitables a mediano y largo plazo. El camino de África parece
ser el de América Latina que destruye diez mil hectáreas
de bosques por día, y los países industrializados, desesperados
por producir más y más para sí y para mantener a
otros pueblos incapaces hasta de auto alimentarse, contaminan aceleradamente
las fuentes de aguas subterráneas y la atmósfera, dibujando
las líneas de un cuadro que parece la obra maestra del absurdo.
El planeta ya no tiene minerales para más de cien años,
las tierras están agotadas, la capa de ozono se reduce cada día
y ya casi no quedan bosques que oxigenen el aire que respiramos.
Aunque
ya es tarde para impedir lo que nos viene, aún puede hacerse algo
para reducir la fuerza del impacto. Es indispensable implementar y aplicar
de inmediato la pena de muerte a todos los criminales, dormir pacíficamente
a los ancianos mayores de sesenta años, establecer un control total
y riguroso de la población de los países que van a la cabeza
en la propagación del hambre y la miseria y arrasar militarmente
con millares de pueblos miserables sin sentido, que como la maleza proliferan
por todos los lugares del Tercer Mundo. Debe detenerse la política
de ofrecer ayuda a los países subdesarrollados para que entren
al desarrollo. Esta mentira absurda, fuera de imposible por las distancias
astronómicas que les separan de nosotros por los avances tecnológicos,
sólo ayudaría a que contaminen más, a que agoten
más recursos y aumenten la basura. La ONU tiene que hacer un intento
final para detener un poco la avalancha. Una ONU nueva, sin la falsa democracia
que sólo lleva a discusiones vacías e interminables cuando
se le permite la palabra y el voto a seudo-países recién
formados, micro voces que no representan nada ni tienen nada importante
que decir. Se hace indispensable dejar el manejo del asunto a los que
por tener la técnica, los medios y la experiencia saben el peligro
ante el cual nos encontramos y los errores que hemos cometido. El Club
de Roma debe hacer públicas las terribles conclusiones secretas
a las que llegaron dos días antes de disolverse completamente sumidos
en la desesperación y el pesimismo.
El
siglo próximo, a diferencia de lo que dijeron ingenuos escritores
de ciencia ficción, no será el del avance del mundo hacia
una alta tecnología y un hombre feliz, disfrutando de horas de
ocio entre jardines encerrados en pulcras bóvedas de cristal embellecido.
Mas allá del año dos mil es el inicio formal de Blade Runer,
de Mad Max y la hecatombe. Ya ha empezado la invasión de los subdesarrollados
hacia los países civilizados. Ya han iniciado la destrucción
de nuestros sistemas de seguridad social, y poco a poco continuará
la inundación que arrasará con todo lo que hemos construido.
Con esto se ha iniciado el fin de nuestra era y el de la especie humana.
Luchemos
ahora, no para salvarnos, pero al menos para dejar sobrevivir una imagen
muy remota y reducida de lo que fuimos. De no hacerlo, veremos aterrorizados
la llegada de los chinos, la desproporcionada proliferación de
hindúes asquerosos bañándose en nuestros ríos
y la avalancha imparable de mexicanos y negros hambrientos devorando enteros
los últimos parques y praderas de los Estados Unidos. Como la marabunta,
a su paso esos pueblos de crecimiento desmesurado sólo dejarán
un desierto en medio de innumerables incendios que destruirán hasta
el último residuo de la civilización. De no hacerlo, no
lamentemos que antes de cincuenta años, en una tarde rojiza en
que todo estará cubierto de brumas, alguien, desde su telescopio
en un lugar de la oscura noche sideral, vea a la tierra como una inmensa
roca desolada, girando para siempre alrededor de su órbita carente
de sentido.
EXTRACTOS
DEL PENSAMIENTO DE DERECHA UNIVERSAL
Autor: ALFREDO
ESPARRAGOZA
Desde
1960 ocupa la dirección de la cátedra de Estudios Criminológicos
de la Universidad Pía. Por el hecho de que durante su juventud
fue un asiduo practicante de la cacería, muchos de sus adversarios
le acusan de haber tratado de llevar el deporte a la criminología.
Colector empedernido de armas con las que se cometieron asesinatos famosos,
se ha compenetrado íntimamente con el mundo de los bajos fondos.
Nació en la ciudad capital, se crió en Matanzas, estudió
la primaria en el pueblo El Ahorcado y es campeón nacional del
juego de Matarile.
PENA
DE MUERTE YA
El
desmesurado crecimiento de la delincuencia en los últimos tiempos,
hace imperiosa la necesidad de restablecer en el país uno de los
grandes ideales bolivarianos: la pena de muerte.
Hoy
por hoy no existe reunión social, empresarial, o grupo de cualquier
naturaleza, en donde el noventa por ciento de los presentes no haya sido
robado, violado o atracado. La ciudad se ha transformado en un verdadero
infierno de arrebatones, atracos y asesinatos a mansalva. La gentes, que
prácticamente vive prisionera entre las rejas de sus balcones o
de sus casas, ya no puede salir de noche. Si lo hace y tiene la suerte
de no ser asaltado en plena vía pública, al regresar a su
hogar lo encontrará totalmente desvalijado. El cuadro es dramático.
Las autoridades impotentes ante el crecimiento delictivo toman medidas
de discutible eficacia, por no hablar de la lenidad de los operativos
contra el hampa común, que apenas duran una semana y de inmediato
son echados al olvido. Las cárceles ya están llenas a un
punto en el cual es prácticamente imposible meterles más
gente. Las mismas policías están penetradas por el bajo
fondo y el hombre de bien pasó de la sensación de miedo
al estado de terror. Para consagrar el caos y la falta total de seguridad
ciudadana, un Congreso de alcahuetes del delito aprobó la Ley de
Sometimiento a Juicio y Libertad Condicional, que permite que todos los
delincuentes se paseen libremente por las calles cometiendo nuevos desafueros.
Por otro lado, en apoyo descarado y evidente complicidad con los hampones
y asesinos, cada día vemos en la prensa y la televisión
artículos de periodistas comunistas y seudo criminólogos,
políticos mal nacidos y los famosos abogados defensores, que tienen
la osadía de condenar las tímidas medidas de represión
del gobierno. Con descarado cinismo piden trato más humanitario,
juicios considerados y la libertad inmediata para los presos que han asesinado,
violado y robado a niños, mujeres, ancianos y hombres indefensos.
Frente
a esta situación no podemos cruzarnos de brazos. Es indispensable
mano dura contra el hampa. Se hace indispensable aplicar de una vez por
todas la pena de muerte o el sancocho en vivo para ciertos criminales.
Tenemos que liquidar para siempre a los hampones reincidentes, a los violadores,
a los asesinos, a los guapos de barrio, a los homosexuales y secuestradores
y a todos los que le quitan la paz y el sueño a los hombres de
bien y de trabajo. El mejor argumento para la instauración de la
pena capital es que no es posible que nuestros impuestos financien esas
escuelas del delito y centros de contaminación del SIDA que son
las cárceles. Nuestra razón radica en que el ser humano
debe deshacerse de la basura. Eliminar de manera definitiva las manzanas
podridas que sólo dañan a las buenas. En estos tiempos de
escasez el Estado no tiene como mantener a lo inservible. La pena de muerte
es algo corriente en la historia de los pueblos. La consagran en sus constituciones
los centros de estudio científico donde saben que al mal hay que
cortarlo por lo sano.
Los
oportunistas y politiqueros de siempre que se oponen a la medida alegan
que ella es inhumana; que no es ejemplarizante y es ajena al gentilicio
y a las tradiciones navideñas del venezolano. A estos argumentos
anodinos debemos responderles que no queremos que sea ejemplarizante.
Lo que deseamos es matar a quien mató. Cortar la mano al que robó,
tal como lo hace la sabia y milenaria ley de los musulmanes. Hay que liberarse
de esta lacra socia, de esa carga de mal nacidos. Sacarles los ojos y
torturarlos si es el caso. Para que recuerden el precepto bíblico:
ojo por ojo y diente por diente, nariz por nariz y rodilla por rodilla.
No aceptamos el argumento de que la causa del crimen es la crisis económica
y el sistema. Son millares de millares los pobres pero honrados que hay
en este país. Ahora más que nunca, respetemos el ideal bolivariano
en la lucha contra los enemigos del bienestar de la sociedad. No sólo
fueron ejemplos dignos el fusilamiento de Piar y el decreto de Guerra
a Muerte, sino también su firme y constante voluntad de fusilar
a todos los que se lo merecían.
Para
nosotros es indiferente el método que se emplee. No es hora de
encauzarnos en diatribas inútiles sobre si debe ser la silla eléctrica,
la horca, la guillotina, el garrote vil, la estrangulación, la
lapidación, la crucifixión, el envenenamiento, o tirar al
delincuente por un precipicio. Aprovechemos que éste es un país
pluralista en las ideas y con la mente abierta a todas las corrientes
y usemos todos los métodos juntos. Pero ya. El pueblo quiere sangre
de asesinos. Como complemento se hacen necesarias verdaderas redadas en
sus guaridas tradicionales. Razzias en donde no sólo caigan los
delincuentes y los sospechosos de llegar a serlo, sino también
sus madres, sus mujeres y sus hijos. Ellos son cómplices y encubridores
naturales de quienes les llevan de comer con el dinero hurtado. Son los
aguantadores por el lazo de la sangre. Y si con ellos no es procedente
la muerte, es necesario que una vez encarcelados se les envíe para
las colonias móviles de El Dorado, u otras peores, más adentro
en la selva, en donde haya bastante malaria.
Junto
a estas medidas el país necesita urgentemente varias reformas serias
al Código Penal. Una legislación en donde se aumenten todas
las penas en un doscientos por ciento todos los delitos. Que se acepten
pruebas más simples que faciliten la labor de los jueces, y permitan
condenar rápidamente al procesado por su apariencia, por su mirada
o por el simple temblor de voz cuando cínicamente dice que es inocente.
Hay que despertar, porque si ahora no se toman las medidas mañana
será demasiado tarde. Hago un llamado a la reflexión: pena
de muerte y leyes cien veces más duras, o el crimen organizado
tomará el poder.
vaya
al comiezo de la página
|